lunes, 1 de septiembre de 2014

Mi único rival es el espejo

El otro día me acordé de dos historias:

Historia 1.
Ella tenía a cargo tres hijos pequeños, su pareja le abandonó. Trabajaba lavando ropa ajena, todos los días, el dinero obtenido era poco y tenía que darse modos para que no falte comida, ropa, útiles escolares, movilización. Un día decidió comprarse unas sombras de ojos y un labial que tenían un precio considerable.

"Imagínense, pasando tantas necesidades básicas ella y sus hijos, con apremios y ella decide comprarse cosméticos costosos, qué falta de amor a los hijos, qué falta de SENTIDO COMÚN, qué IGNORANCIA!" fueron las palabras e insultos que ella escuchó de sus allegados.

Y es que claro, todos juzgamos desde la superficialidad de las cosas, desde lo que vemos, desde lo que nos dicen, ahora ya no se juzga desde adentro o desde lo que no se ve. Por otro lado, ella busca lo que casi todos los seres humanos buscamos (cada cual a su modo): amor propio, estima, motivación, ella quiere sentirse amada y deseada, acaso el dinero entiende de estas cosas??? Ella está en su derecho de quererse y mimarse, los insultos están demás. Ponte en su lugar, nadie te puede negar adquirir cosas, hábitos, gustos que te hagan sentir feliz (excepto cuando empiezas a irrespetar la vida de algún otro ser vivo).

Historia 2.
Ya me olvidé por la indignación de la historia 1.

Fin.