Hace unos días tuve que acudir a la Cancillería para poder actualizar mi pasaporte. A pesar de la masiva campaña propagandística del Gobierno, veo que el servicio burocrático al cliente no ha cambiado en mucho en ciertas entidades: filas y filas de personas.
Mientras esperaba pacientemente mi turno observaba a la gente a mi alrededor, vaya sorpresa! era como ver al Ecuador en pequeño. Había personas que a juzgar por su forma de vestir y actuar (disculpen haberles juzgado sin más motivo, estaba aburrido) necesitaban el documento por motivos de negocios, había turistas de toda índole, estaba la gente otavaleña, la madre del emigrante ecuatoriano tratando de ayudar a su hijo... había el servidor público huraño y el jocoso, el guardia, la mamá del guagua, el guagua llorando a gritos, las personas que tratamos de sacar lo positivo de la situación, el "hijo de papi", la chica "guapa" usando gafas de moda en la cabeza y el solitario anciano con su lento caminar. También estaba la gente ilusionada por su primer pasaporte, la gente que no tolera la felicidad de los otros y la gente pedante. Se escuchaba el inglés, el quechua, el español con su acento argentino, al serrano, al costeño y obviamente, la del acento españolizado.A pesar de que todos somos "diferentes" en el fondo teníamos cosas en común (Passport).
Al fin llegó mi turno, papeles, fotografías, sellos y firmas. Objetivo cumplido. Au Revoir!
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