Con las luces apagadas y las sábanas frías, el ruido lejano de uno que otro carro... la canción de Frenkel, mi única compañía. Hasta mi almohada debe estar ya cansada de las historias de medianoche llenas de decepciones, engaños, indiferencias, de gente pendeja que no supo valorar en su momento lo que tenía.
Yo también busco lo mismo, ese alguien que luego de un día ruidoso, agitado y lleno de problemas mundanos, pueda llevarte a sus brazos y con un abrazo y un "qué tal tu día?" pueda hacerte brillar de nuevo. Es un anhelo tuyo, mío, y de muchos más... es un secreto a voces...
Es el miedo a crecer, a sentirse sólo, el que hace que muchos realicen intentos desesperados con cualquiera, con el primero que asome o ya simplemente resignación a aceptar al que siempre está inquietando. O lo que es peor: volver con alguien y guardar la esperanza de días mejores, como dice una querida amiga: ya deberíamos dejar de ser tan pendejos.
Es que al final no extraño a una persona en especial, extraño a esa persona que no ha llegado, a esa persona que vive todavía en mi mente, a la que siempre canto con tanta pasión, a la que le sonrío cuando me sonríe, a la que le abrazo en los sueños, a la que le invito a un parque a volar cometas, con la que armamos la tienda de acampar en la terraza, nos tomamos un vino mientras vemos llover por la ventana, a la que dibujo al amanecer...
Mi vida nunca más volvió a ser igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario