sábado, 1 de diciembre de 2012

De pie, marchad, el pueblo va a triunfar!

En las primeras páginas del libro 1984 de Goerge Orwell, se narra la situación del personaje principal Winston asistiendo al evento "dos minutos de odio", en el cual las personas se reúnen frente a una pantalla en la que aparece Emmanuel Goldstein, el enemigo y traidor del pueblo (y del poder vigente). Todas las personas proceden a gritarle e insultarle, su odio llega al frenesí, lanzan objetos a la pantalla como demostración de repudio al enemigo. Winston no sabe como actúar, al parecer piensa por sí mismo y sus insultos no van a Goldstein sino al poder vigente, al Gran Hermano, pero es arrastrado irremesiblemente por su gente alrededor para terminar gritando insultos al traidor como lo hacen todos. La fuerza de las masas es fuerte. Algo parecido lo viví el otro día.

Era el concierto del grupo chileno Inti Illimani, empezaron a entonar "El Pueblo Unido Jamás Será Vencido". Era una "marcha-himno" para todos los asistentes, me di cuenta el momento que todos saltaron de sus asientos, había en el ambiente una  mezcla de lucha, de éxtasis, de adrenalina pura. Pasaron pocos segundos para darme cuenta que estaba en medio de todos ellos, parado, cantando a gritos y con el puño agitando al aire, pensando en días mejores (sí, así de general fue mi pensamiento).

Estoy casi seguro que en aquel lugar había mucha variedad de pensamientos entre los asistentes: correístas, no correístas y opositores; taurinos y antitaurinos; barcelonistas y liguistas. Seguro que el correísta agitaba el puño pensando en días mejores, el opositor hacía lo mismo pero desde su punto de vista. Mientras que yo sentía que ese "pueblo unido", no era un unido, no era más que humo, era algo falso, a pesar que todos agitaban el brazo al mismo tiempo y sus ojos fijos a un mismo punto, al frente.

El ser humano se deja llevar por diferentes corrientes (socialista, hippie, punkero, izquierda, derecha, ecologistas, capitalistas, etc.) o por cualquier novelería (un equipo de fútbol, una canción, una ciudad querida) para poder justificar su desahogo en un estadio, sentirse parte de un grupo de agitadores de puño o para sentir orgullo de algo ajeno.

Quisiera siempre ser un Winston y poder detenerme a analizar lo que pasa. Son muchas cosas que no comparto con la gente a mi alrededor, pero eso no tiene por qué amargarme. Tal vez el pueblo no es unido y puede ser vencido, pero por lo menos es unido en pequeños detalles como una canción, y disfrutaré de ese momento.

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